Mi primer acercamiento a Stephen King fue por consejo de mi madre. Me propuso empezar por Los ojos del dragón, y fue un auténtico acierto, teniendo en cuenta que yo estaba en el colegio. Me enamoró, sobre todo, su forma de escribir. Esa manera de describir para que lo veas todo, ese tempo al ir marcando el camino sin obviedades pero con paso firme, y esa imaginación desbordante que siempre sabe dar una voltereta. Mucho arte.
Después de esa obra de fantasía (que sigo opinando es una obra maestra, por denostada que fuese en sus inicios) vinieron muchas otras. Y siempre ocurría lo mismo: me gusta más en sus obras menos sobrenaturales y en sus cuentos que en los tochazos con muchos bichos, aunque nunca me ha dejado insatisfecha del todo. Y mira que llevo libros y libros suyos. Pues siempre acierta.
Y, con todo y con eso... me he leído Misery por primera vez ahora mismo, a los cuarenta. ¿Debería darme vergüenza? Tal vez. ¿Me arrepiento? Pues no. He llegado a tiempo de sobra.
La culpa, en gran parte, la tuvo que vi la película un sábado por la tarde, sacada de esos sacrosantos lugares de los 90 en extinción: un videclub. Echando la vista atrás, debía ser muy reciente, calculo año 91 o 92, no mucho más. Me había gustado mucho, los actores estaban sublimes. Pero quería esperar un poco a que se me olvidara la historia. Y, bueno, quizás veintitantos años ya eran suficientes. Así que este año por fin me decidí.
La trama, por supuesto, no me ha pillado por sorpresa. Es la desventaja de leer un libro así, tan arraigado ya en la cultura popular (incluso aunque no hayas visto la peli). No puedo más que preguntarme cómo sería comprarlo recién salido a las librerías, antes de saber nada de él, totalmente virgen al respecto. Menudo escalofrío. Qué envidia.
Pero por suerte la película tiene bastantes diferencias con la novela como para poder llevarme un par de grandes sorpresas, probablemente las mejores. Porque King es un maestro de los impactos y eso es algo que se disfruta. Pocos más son capaces de conseguir esa tipo de sensación interna, en la que está haciéndote espectador de algo realmente horrible y aún así no puedes dejar de mirar porque , sí, te pongas como te pongas lo estás disfrutando. Y quieres más.
Esa tensión bien mantenida, ese juego perverso entre dos personajes que se acaban conociendo tan bien, esa fría y exacta descripción de escenas brutales... Una auténtica gozada.
Y aún más, he disfrutado algo que no me esperaba encontrar y que por supuesto en la película salía de refilón, y es todas esas reflexiones sobre el propio oficio de escritor, sobre ese arte de narrar, sobre cómo construir historias y cómo dejarse absorber por la página en blanco.
Diría que es redonda y perfecta si no fuera porque veo aguas en algo realmente muy importante en la obra, y es la locura. Porque a cualquier profano le preguntas de qué va y te va a decir que de un escritor y una loca. Pero a servidora eso no le vale.
Me tiene profundamente consternada que así como King ha demostrado saber documentarse de manera brutal sobre la psicología para otras obras (Ojos de Fuego deberían obligarla en la carrera, os lo digo) en esta falta coherencia.
A veces habla de Wilkes como neurótica, a veces como psicótica, menciona la depresión... Y el personaje no padece ninguna de las tres cosas. En realidad King se inventa un cuadro mental único y muy poco verosímil tal cual lo cuenta para los que sabemos un poquito de estas cosas, y eso a una que está totalmente deformada profesionalmente, le chirría. Pero mucho.
Antes de cabrearme del todo y permitir que un tecnicismo me estropeara el disfrute, decidí separar personaje de autor y querer pensar que el que no tenía por qué saber del tema era el protagonista, y que King decide retratar esa locura desde el prisma de alguien que no sabría ni cómo nombrarla y por tanto concurre en los mismos errores que cualquiera de entre el populacho.
Y bueno, así se me pasa un poco. Pero con todo y con eso, le sigo viendo ese fallo. Así que no, Misery no va a ser mi favorito de King. Sigue buscando.
Así pues: si sabes un poco de psicopatología, leételo sabiendo que no te va a cuadrar. Si no, leételo teniendo en cuenta que es ficción y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Dejemos a la locura ser quién es, por favor, sin mancillarla.
Sea como sea: léetelo, si te atreves. Porque hasta cuando pienses que no sería posible, lo vas a disfrutar.

Comentarios
Publicar un comentario